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HERALDO DE ARAGÓN (02/02/05)

Itinerarios educativos: el buen camino
LUIS GÓMEZ EGIDO

El establecimiento de itinerarios en el segundo ciclo de la E.S.O. encontró el decidido apoyo de la inmensa mayoría de los docentes de Secundaria, precisamente los profesores que imparten y, por tanto, conocen de primera mano esta etapa escolar. Ahora, la enésima reforma educativa los suprime de un plumazo, sustituyéndolos por difusos planteamientos que ya han fracasado clamorosamente en la educación española. Las nuevas soluciones reflejan una concepción igualitarista de la enseñanza y un apenas disimulado paternalismo: no se confía en la capacidad de los alumnos -ni en la de sus familias- para decidir la orientación de sus estudios. Pero el evidente fracaso de la LOGSE revela que el sistema común -el "café para todos"- no parece ser la solución de los problemas que atañen a nuestros estudiantes.

En los centros nos encontramos con alumnos que no quieren estudiar determinadas materias, que reclaman una formación que les habilite para iniciar su vida laboral y que se sienten desmotivados con lo que el sistema escolar les ofrece. Para ellos, esta escuela es una prisión y lo seguirá siendo, por más que la nueva ley proponga decorar los barracones con banderolas y pinte de colores más alegres los barrotes de las celdas.

Tanta teórica reflexión, tanta pedagogía de salón, tanto brillante hallazgo de despacho nos han hecho olvidarnos de los alumnos y de sus necesidades. Están ahí, en las aulas, y no nos piden iluminadas teorías sino soluciones reales; requieren que les ofrezcamos salidas y no condenas, que les permitamos elegir el camino que prefieren seguir en su profesión y en su vida.

Los itinerarios proponen vías educativas diferenciadas para los que son diferentes, no sólo por sus capacidades sino por sus orientaciones e intereses. Responden a la constatación de que alumnos con necesidades tan diversas no pueden recibir tratamientos educativos iguales. Permiten elegir. Y no son rígidos, pues el establecimiento de pasarelas concede a los estudiantes la posibilidad de rectificar su elección si se han equivocado o cambia su vocación.

La solución que adelanta el Ministerio es una aceptación vergonzante - parece que a regañadientes- de la necesidad de ofrecer distintas vías a partir de tercero de la ESO: diversificación curricular, desdobles, todavía más optatividad, grupos flexibles de alumnos, etc. Algunas son propuestas vacías; otras, sencillamente irrealizables; las hay que ya han demostrado su ineficacia en la realidad de las aulas. Más asignaturas, desorientación, más frustración en muchos de nuestros alumnos, más gasto y, al final, igual fracaso.

¿Por qué, por una vez, no se confía en el criterio y sensatez de los escolares y de sus familias? ¿Por qué no se escucha, también por una vez, la opinión de los docentes? Coinciden todos en la exigencia de un sistema educativo que responda a las necesidades diversas de los alumnos y las satisfaga, permitiéndoles elegir. Resulta ser este el único camino para formar ciudadanos felices y capaces.


Luis Gómez Egido.
Asociación de Profesores de Secundaria de Aragón.