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ESCUELA ESPAÑOLA (27/11/2003)

Pertinaz contumacia
BLANCA GARCÍA OLMOS

"Sostenella y no enmendalla", que decía no sé quién. Se ha constatado fehacientemente que la supresión de los exámenes de septiembre en la ESO por mandato de la LOGSE ha causado graves problemas a los alumnos. Se constató fehacientemente en su día que los exámenes de suficiencia en junio no servían de gran cosa. Pues, a pesar de todo, todavía algunas comunidades autónomas siguen erre que erre empecinadas en ensartar los exámenes extraordinarios contemplados en la LOCE en el mes de junio.

Empecemos por el principio: ¿para qué los exámenes extraordinarios? Parece obvio que se proponen para dar otra oportunidad a los alumnos. El motivo más frecuente de los suspensos es el de que el chico no ha estudiado lo suficiente. Naturalmente, puede haber otras causas, y de hecho las hay, pero insisto, la mayoría de los suspensos se deben a que las horas dedicadas al estudio han sido insuficientes. Y a ellos van dedicados los exámenes extraordinarios.

El paso de un curso a otro, como ocurre en la actualidad, con varios suspensos desemboca, necesariamente, en fracaso escolar. Si no han sido capaces de aprobar un solo curso, cómo van a aprobar uno y medio o casi dos, o incluso dos enteros, al año siguiente. Es de cajón. Gracias a la supresión de la promoción automática, esto va a dejar de ocurrir, pero antes de que repitan, déseles una oportunidad, caramba. Eso sí, una oportunidad real.

Es palmario que lo que no se ha estudiado durante todo un curso no se puede aprender en siete días. Entonces ¿a qué viene hacerles un examen extraordinario seguido inmediatamente del ordinario? Ni al que asó la manteca se le ocurre. Y no olvidemos que es un buen estímulo para los chicos saber que, si no estudian durante el curso, les va a tocar hacerlo en verano. En estas ocasiones, muchos profesores nos sentimos como Sancho Panza: intentar que el Quijote razone no es tarea trivial. Una está ya cansada de decir obviedades y, además, se corre un peligro; como dice una ley de Murphy: "nunca discutas con un tonto porque podría no notarse la diferencia".

Lo más curioso es que, casualmente, las CCAA en donde intentan plantar los exámenes extraordinarios en junio son las gobernadas por el PSOE. Ya duda una de si es torpeza (tanta incompetencia parece imposible) o si, una vez más, nos encontramos con torticeras maniobras políticas: al parecer, importa más llevarse el gato político al agua que el beneficio de los alumnos. Cuando la mayoría de los profesores, independientemente de nuestras ideologías, insistimos en que los exámenes extraordinarios deben hacerse en septiembre, por algo será. Tanto hablar de consensos, de pactos, de componendas, de compromisos y de pregonar a los cuatro vientos que siempre consultan a todos los estamentos, pero a la hora de la verdad nunca escuchan a los profesionales que sufrimos en nuestras propias carnes las majaderías pedagógicas que se les ocurren.

No quiero ser mal pensada, pero da la impresión de que con tal de que fracasen los exámenes extraordinarios (recuperados por la LOCE y que sacaron de apuros a tantos alumnos hasta la entrada en vigor de la LOGSE) son capaces de cualquier cosa. ¿Será posible que releguen los intereses de los educandos (¡huy qué cursi me ha quedado!) a sus turbios manejos "politiquiles"?

Lo peor no es equivocarse (humanum est errare), sino la pertinaz contumacia en mantener el error.


Blanca García Olmos
Presidente Nacional de APS.