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ESCUELA ESPAÑOLA (5/06/2003)

Carta al Director
BLANCA GARCÍA OLMOS

La carne es débil, y no puedo resistir la tentación de contestar a mi querido compañero, D. Manuel Martín, que critica en Escuela Española (22 de mayo) el planteamiento que hice sobre la evaluación, en la misma revista, el 8 de mayo. Y lo único que yo decía era que me parecía bien que se sustituyeran unas siglas que, a mi juicio, mueven a confusión, por unas abreviaturas más claras en Primaria y, en Secundaria, añadir el número de la nota al lado de las abreviaturas para dar mayor información a los padres.

Continúa asegurando que caigo en la demagogia. Bien, es una opinión respetable, pero la mía, igual de respetable (por lo menos), es la contraria. Demagogo, él. Y como no da explicaciones de por qué me considera demagoga, yo tampoco me siento obligada a darlas.

Considera triste que la presidenta de una organización sindical defienda una puntuación numérica sin dar argumentos pedagógicos. Lamento su tristeza y espero que no haya llegado a llorar. En fin, él tampoco da ninguno para demostrar lo contrario, y no me aflige lo más mínimo. Será que soy más recia. Es palmario que no tiene la menor idea de cómo se califica en Secundaria. Las abreviaturas, por si no lo sabe, son la traducción de números a letras: IS (insuficiente), de cero a cuatro con nueve, SF (suficiente) de cinco a cinco con nueve, etc. etc. ¿Qué problema hay en que se especifique más en el boletín de notas? ¿Por qué le molesta la información detallada? ¿No le dará más datos a los padres que, al lado del IS, por ejemplo, aparezca 2 ó 4? ¿Qué argumento pedagógico esgrime él para no añadir el número? En cuanto a Primaria, ¿acaso le impide hacer esos prolijos informes de los que tanto alardea poner NT o SB en vez de PA? ¿Se da cuenta de que no tiene nada que ver una cosa con otra?

Uno de los logros de los alumnos, conseguido a lo largo de los años, ha sido ser evaluados objetivamente y poder reclamar. Y, para ello, hacen falta exámenes escritos con un número de preguntas determinado y una puntuación asignada de antemano a cada pregunta, que debe figurar en la programación didáctica de la asignatura para aquellos que no hayan aprobado por curso. Y para aprobar por curso, se tiene que especificar en cada asignatura qué porcentaje de nota corresponde a cada objetivo. Y, por si no ha reparado en ello, los porcentajes se hacen sobre números, no sobre letras. ¿Pretende que se califique a boleo? ¿Qué cada uno ponga la nota que le dé la gana? ¿Es eso lo que hace él?

Sigue preguntándose a qué colegios "lleva esa señora a sus hijos". Pues voy a satisfacer su insana curiosidad. Aquesta señora llevó a sus hijos a un colegio público, a continuación fueron ellos solitos a un instituto y, por fin, a una universidad pública.

A partir de sus explicaciones, se desprende fácilmente que se pasa el día haciendo informes. ¡Pues hala, a entretenerse! Y, repito, las notas no son incompatibles con los informes. Cuando hacen falta, eso sí. Como profesora estoy harta de rellenar papeles superfluos que sólo sirven para quitarme un tiempo precioso que podría emplear en cosas más útiles para mis alumnos.

Se equivoca, una vez más, cuando supone que clasifico a mis alumnos por las notas que sacaron en el primer ciclo de primaria. ¡Pues aviada estaría! No las conozco ni me importan. Cuando llegan al nivel que impartimos los Profesores de Secundaria ya hace unos cuantos años de eso. Y, puestos así, si para mí los alumnos son números, porque defiendo las calificaciones claras, para él serán una ristra sin fin de papelotes

Resulta hasta cómico que deduzca, a partir de la defensa de la claridad en las notas, que no me interesan las desigualdades socioeconómicas. Es como si yo dedujera que él está gordo porque prefiere que figure NM a IS en el boletín de calificaciones. ¿Pero qué sabe? ¿En qué argumentos se basa? A ver si él, a base de rellenar papeles, va a terminar con las diferencias sociales. Precisamente los burócratas nunca han brillado por solucionar los problemas, antes bien, proverbialmente han retrasado su remedio, cuando no los han creado. ¿Qué hace cuando se encuentra con un alumno cuyo padre está en el paro y su madre trabaja mañana y tarde por quinientos euros al mes? ¿Cuántos informes realiza para solucionar el problema?

Acaba asociando "la letra con sangre entra" con la enseñanza memorística. Otra perogrullada más. ¿Qué tienen que ver los castigos físicos (a los que nada más lejos de mi intención que defender) con aprender lo que haga falta de memoria? Pues sí, algunas cosas hay que aprenderlas de memoria, es más, desarrollar la capacidad memorística de los alumnos debería ser uno de los objetivos de todo docente.

En resumidas cuentas, me acusa de demagoga sin dar argumentos, saca conclusiones equivocadas, hace conjeturas incongruentes, deducciones ridículas, asociaciones absurdas y, por si fuera poco, cuestiona la utilidad de ese bien tan preciado que es la memoria . Con esa confusión mental, francamente no me extraña que, como él mismo dice, sacara malas notas en el colegio.


Blanca García Olmos
Presidente Nacional de APS.